Mateo Martinic destaca valor de obra del Padre De Agostini
Publicado en La Prensa Austral:
El Premio Nacional de Historia, abogado Mateo Martinic Beros destacó el valioso servicio que el padre Alberto De Agostini prestó a las ciencias del hombre, al tiempo que opinó que las acciones de los autores del pasado, deben ser juzgadas según el criterio aceptado en las épocas en que realizaron sus obras. El historiador magallánico se pronunció así en torno a la controversia surgida tras el cuestionamiento formulado a la obra fotográfica del padre Alberto De Agostini, por el director regional del Sernatur, Christian Miranda.
En carta dirigida a nuestra dirección, Martinic expresa que en el trabajo de De Agostini hubo una recreación con aborígenes auténticos que conservaban vivas y fuertes sus tradiciones y sentimientos y que dicha obra tuvo como objetivo documentar una información inestimable para esa época y la posteridad.

El texto íntegro que nos hizo llegar es el siguiente:
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“Señor Director:
En su edición del día 26 del corriente La Prensa Austral presenta en forma destacada una información referida al trabajo fotográfico realizado por el explorador padre Alberto De Agostini entre los indígenas sélknam durante uno de sus recorridos por la Tierra del Fuego, en la que el entrevistado señor Christian Miranda, director regional de Sernatur, aparece cuestionando el realismo de las imágenes obtenidas, lo que, está visto, ha provocado un comprensible revuelo dado el prestigio que tiene el eminente salesiano como figura histórica de la Región Magallánica. Requerido por diversas personas acerca de la materia, me ha parecido de interés dar a conocer mi opinión sobre la misma. El P. De Agostini era, se reitera, un explorador y un montañero y, como tal, un hombre sensible por cuanto se refería a la geografía en su más amplio aspecto, desde lo natural a lo humano. No fue, por tanto, antropólogo ni etnógrafo, ni pretendió serlo. Distinto fue que en el transcurso de sus viajes valorizara los elementos bioculturales que iba encontrando a su paso, máxime si vernáculos, lo que le permitía adquirir una comprensión integral respecto del territorio recorrido. Así sucedió en la Tierra del Fuego con la presencia de indígenas, circunstancia que, es perfectamente comprensible, quiso aprovechar como artista fotógrafo que era, con el fin de dejar un testimonio veraz para la posteridad. Jamás, por lo tanto, pasó por su mente la posibilidad de utilizar un recurso que le hiciera sospechoso de superchería a los ojos de sus contemporáneos. El grupo humano de su interés estaba conformado por un relicto étnico, es decir, de aborígenes auténticos que conservaban todavía vivas y fuertes sus tradiciones y sentimientos, no obstante el progresivo proceso de transculturación que sufrían los mismos por su ineludible convivencia con los blancos o civilizados. Así, y de igual manera como había ocurrido antes con otros investigadores tales como Charles W. Furlong, Carlos R. Gallardo y el P. Martín Gusinde, todos con diferente versación en etnografía o antropología, el P. De Agostini consiguió la colaboración del grupo encabezado por Paciek para re-crear escenas de su vida original, con el único propósito de documentar gráficamente una información que sabía era inestimable para sus contemporáneos y más para la posteridad. En el concepto “re-crear” es obvio que se comprendía la representación de diferentes hábitos y escenas de vida aborigen que incluían la gestualidad, el uso de vestimenta y otras formas complejas que el paso del tiempo y la influencia foránea iban dejando de lado, en procura de la debida autenticidad de las imágenes fotográficas. Y así se hizo efectivamente y con ello el explorador salesiano prestó un grande y valioso servicio a las ciencias del hombre, mérito que debe reconocérsele sin retaceos. Sin embargo de ello, y porque viene al caso, debo agregar que la materia, esto es, la fotografía etnográfica y antropológica es un asunto de antigua y actual viva controversia en el ambiente académico de las ciencias humanas. Tanto ha sido y es así que ha servido como fundamento para diferentes estudios especializados en los aspectos de la revisión e interpretación históricas. Por ejemplo cito el excelente libro titulado “Zoológicos humanos” de Christian Báez y Peter Mason, ambos calificados especialistas, editado el año pasado por Pehuén. En esta obra se presenta y analiza a fondo el caso histórico de los fueguinos y mapuche que fueron exhibidos en el Jardín de Aclimatación de París, como objeto de curiosidad “científica” entre los años 1880 y 1890, poniendo de manifiesto la intencionalidad evidente y los prejuicios que solían tener los fotógrafos al tiempo de realizar sus trabajos, lo que los llevaba a inventar situaciones, representaciones y actitudes por parte de los aborígenes retratados. El mismo Báez había colaborado anteriormente con la Dra. Margarita Alvarado, tal vez la especialista más competente en la materia, en el libro “Mapuche. Fotografías siglos XIX y XX. Construcción y montaje de un imaginario”, también editado por Pehuén en 2001. La Dra. Alvarado, además, se encuentra a punto de publicar una obra específica referida a la fotografía de los indígenas fueguinos con el concurso de diferentes investigadores y el empleo de valioso material fotográfico, aspecto en el que participan el Centro de Estudios del Hombre Austral, de la Universidad de Magallanes, y el Museo “Mayorino Borgatello”, que han permitido el uso de sus fondos patrimoniales para el objeto. Para concluir cabe señalar que las acciones de autores del pasado, cualquiera que sea su especialidad, debe ser juzgada según el criterio aceptado en las épocas en que los mismos realizaron sus obras, máxime si, como fue el caso del P. De Agostini, estuvieron invariablemente inspiradas por el servicio a la verdad, a la ciencia geográfica y a la cultura. Los estudios revisionistas de hoy, ciertamente plausibles, no son, con todo, replicables como modelo para enjuiciar situaciones como las que ha dado origen al asunto de que se trata. No puedo dar por completa mi opinión sin hacer una referencia obligada a otro aspecto de la entrevista de marras y que se refiere, cito textualmente, a “la conmoción que le causó a Auer al ver cómo se estaba asesinando a los indígenas, lo cual no se aprecia en lo que mostraba De Agostini, ni de la manera en que se estaba haciendo”. La aseveración, corresponda a quien corresponda, es absolutamente el fruto de la ignorancia histórica al ponérsela, como se la pone, en tiempo presente (la época de la visita del geólogo finlandés), cuando se sabe que los censurables actos genocidas recogidos por la historia habían tenido ocurrencia tres décadas antes de la llegada del último a la Tierra del Fuego. Tampoco se entiende la presunta responsabilidad que se atribuye a De Agostini por la forma en que se ocupaba de la materia, cuando es igualmente conocida su condenación por tales desgraciados sucesos. Una apreciación, reitero, venga de quien venga, injustificada por demás.
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