Eric Manzur – Aprendizaje entre pares

Eric Manzur

Yo pensaba que era un buen profesor
Por Manuel Fernández Bolvarán

Por casualidad, hace once años, el holandés Eric Mazur descubrió en su laboratorio el silicio negro, un material altamente sensible a la luz que podría ser la base de una nueva generación de paneles solares, cámaras digitales y dispositivos de visión nocturna. Hasta ahora, es el mayor hallazgo científico de este hijo de profesores y doctor en física experimental de la U. de Leiden, que lleva 25 de sus 53 años enseñando en la Universidad de Harvard. Sin embargo, luego de pensarlo un largo rato, asegura que ése no es su máximo logro.

Antes del silicio negro, Mazur ya era conocido por crear la metodología de enseñanza “Peer instruction” (aprendizaje entre pares), orientada a mejorar la forma de hacer clases en universidades. Un sistema que detalló en un artículo publicado este mes por la revista “Science” y que expuso en un seminario a los académicos de la U. Adolfo Ibáñez.

“Esto partió en 1990 con un artículo de un investigador que midió cuánto aprendían los alumnos en los cursos universitarios de física. Les hizo un test al inicio y al final del semestre y encontró que el progreso era mínimo. Lo leí y pensé: ‘No puede ser. Mis estudiantes sacarían un 100%’”, cuenta.

Probó y le fue mal. Sus alumnos estuvieron lejos del 100% y también mostraron un escaso progreso tras un semestre con él.

-¿Pensó que el problema podía ser usted?

“¡Nunca! Yo pensaba que era un buen profesor, porque los alumnos me evaluaban bien. Primero creí que el problema lo tenían los estudiantes…, pero en mi universidad es difícil quejarse de eso. Entonces, quizás el test estuviera malo. Investigué y tampoco era cierto. Costó asumirlo, pero el problema era yo”.

-¿Qué hacía mal?

“Descubrí que la mayoría de mis alumnos no aprendía, sólo memorizaba ecuaciones, datos y procedimientos. No les estaba enseñando a pensar, sino a pasar el examen. Así que me puse a pensar en cómo cambiar esto. Y no tenía idea, sólo sabía hacer clases dando cátedras”.

-¿Y qué hizo?

“Los alumnos se preocuparon por los resultados y me pidieron una sesión extra para explicarles sus errores. Lo hice y vi que seguían confundidos. Traté de explicarles mejor, pero quedaron aun más confundidos. Entonces, como sabía que el 50% del curso tenía la respuesta correcta, lo único que se me ocurrió fue pedirle a esa mitad que se diera vuelta e intentara explicarle al resto. En pocos minutos, los 150 alumnos entendían todo”.

La anécdota se convirtió en una metodología. Hoy, sus clases son diferentes del modelo clásico: no pasa materia (les pide a los alumnos que la lean antes) y su sesión la destina a aplicar contenidos y hacer preguntas. Primero, los alumnos las contestan individualmente con un sistema de votación en línea y luego se abre el debate entre los que respondieron bien y los que no. “Los resultados subieron, ya nadie se duerme en mi clase y los alumnos saben antes de los exámenes si entendieron o no”.

-¿Ellos explican las cosas mejor que usted?

“Es comprensible. El profesor Mazur aprendió los contenidos hace 30 años y ya no recuerda los errores que cometía tratando de entenderlos. En cambio, un alumno que acaba de aprender la materia conoce las dificultades y puede ayudar a su compañero en la dirección correcta. Es fantástico ver el caos y la actividad que se produce en la sala”.

-Debe ser difícil para un académico tolerar ese caos.

“Cierto. Uno piensa: ‘Está mal, me pagan por enseñar y son los alumnos los que se explican entre sí’. Pero es un error. No nos pagan para hacer clases, sino para que los estudiantes aprendan. En todo caso, el gran problema de esta idea es que a muchos académicos les desagrada no ser la estrella y eso choca con este modelo, donde uno es más invisible. El ego es un obstáculo”.

-Lo interesante es que usted se convenció de que no lo hacía bien, pese a ser bien evaluado.

“Ahora sé que los alumnos no saben cómo evaluarlo a uno. Si les diera masajes cada día o les repartiera cervezas, saldría muy bien parado. No evalúan por si aprendieron o no, porque no tienen cómo hacerlo”.

-¿Cree que los profesores deben evaluarse por cuánto aprenden sus alumnos?

“¡Absolutamente! El punto es que es muy difícil de implementar para las universidades”.

-Y usted, ¿por qué decidió autoevaluarse de esta forma?

“Soy un científico y, como tal, debo recolectar información, trabajar en base a hipótesis y contrastarlas con los datos. Tenía la hipótesis de que era un buen profesor y quise ver si era cierto. Así somos los científicos. Aunque, por algún motivo, cuando enseñamos no actuamos con el mismo rigor que cuando investigamos”.

-¿Usted construye sus cursos en base a esa información?

“Sí. Trato de cambiar cosas en mi clase y ver el efecto que causa en los resultados. Si es positivo, hago más ajustes en esa dirección. Como enseño en base a preguntas, veo cuáles son las que debo hacer según estos datos. Tener una evaluación es clave para mejorar”.


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Comentarios

Sorprendente artículo. La verdad es que no conocía esta metodología. Me interesaría poder acceder a páginas de internet y/o libros para iniciarme en ell.
Soy profesor de Bioloía y Química.

¿hemos perdido nuestra creatividad? ¿estamos contentos con los resultados que obtengo después de cada clase? ¿estoy investigando en cómo poder optimizar los aprendizajes? o … estoy sólo siendo un simple profesor que no deseo comprometerme con la persona que debo preparar? ¿estoy tan cansado que ya no tengo energía para levantarme y decir hoy puede ser un gran día plantételo así?… quizás simplemente deba cambiar el disco de la resignación y decir… buemos días alumnos hoy la pasaremos bien,¿cómo quieren aprender? gracias por recordarnos que la tarea que debemos fortalecer es nuestro propio corazón y no olvidarnos de nuestro deber.

excelente, yo tambien creía que era una buena profesora, pero tambien comparto la idea del aprendizaje entre pares, me gustaría aplicarlo entre pares de profesores.

buenisimo y se podría aplicar entre pares de profesores

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